Si tú me quieres de noche
y yo te quiero de día,
si yo bebo de tu boca
y tú bebes de la mía.
Dependiendo del día y de la circunstancia, llevar a dormir a mi hija significa cosas diferentes. Leer un cuento (entre los favoritos: Green Eggs and Ham, Lucas se ha perdido, Los tres chanchitos, The Gingerbread Man), cantar un rato, contarle “de cuando era bebé” o celebrar un contrato (vos te dormís ahora, muy bien y muy rápido, y si te despertás en medio de la noche podés venir a mi cama). Rescatar a Pollito (objeto transicional de turno) de dondequiera lo haya metido, prender la luz de Kitty y decir el ángel de la guarda. Después nada, rezar por lo bajo para que no hinche demasiado las pelotas.
En fin bueno pero lo mejor viene a ser cuando cantamos, a veces la de El Oso pero muy particularmente cuando toca Las Cosas del Querer. No suele ser lo más efectivo pero cómo resistirme a invitarla a que cante conmigo, pendeja perra ya se aprendió toda la letra y me mata de una manera indescriptible. Me quita el cansancio, me quieta la tristeza, me quita el sueño y las ganas de dormirla, me llena el pecho de emoción y de ternura y tengo que morderme los labios, dos veces, para no ponerme a llorar cuando me doy cuenta de que muero por un segundo bis y que no da.
Aparte por algún motivo siempre se ríe en la misma parte, ahí cuando dice “lo nuestro tiene que ser/ aunque entre el uno y el otro / levanten una pared”. Se tapa la boca y me mira como diciendo vieja te das cuenta vos, qué absurdo es todo esto. Me canta la estrofa del principio mirándome a los ojos embobada y resistiendo bastante mal la tentación de besarme en cada verso. Y ya al final directamente actúa:
Tú eres alto (me señala) y yo bajita (se señala a sí misma),
tú eres rubio (me señala, se da cuenta de que se equivocó y se vuelva a apuntar con el dedo) y yo tostá' (me señala a mí);
tú de Sevilla la llana (de vuelta)
y yo de Puerto Real (ella).
Que no tiene na' que ver (cara de “de qué estamos hablando”)
ni el color (enumera con los dedos: “uno”), ni la estatura (“dos”)
con las cosas del querer (“matter-of-factly”, para que te quede claro, por si no estabas al tanto).
Ya sé que también mucho por otras cosas pero me animaría a decir que los hijos valen la pena justamente por estas cosas.











